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I
Oh tierra mía, llegará el tiempo en que no te servirás tajadas de aurora a la mesa. Llegará el hediondo pueblo invisible, y ahuecará la noche que tanto os quita la sed. Ese pueblo les insuflará un virus casi perfecto, y que ellos amasan, como ustedes amasan los misterios del musgo y la soledad. El virus será el habitante inocuo de sus mesas, pero les morderá la voluntad; será el muñón de invierno en sus estómagos, pero querrá todo el calor de sus espíritus; será la triste semblanza de una nube incierta, pero les quitará a cada cual la sana lluvia. ¿Saben el nombre del virus, pobladores del rocío, la brisa y la luz? ¿Saben cuál es la bestia formidable que se los comerá, poniendo ardentía intolerable en sus vientres? Mira que les aconsejo cultivar el amanecer, y la noche; el polvo, y el rocío; la brisa, y el vendaval; porque vendrán días en que los seres invisibles desplegarán el purulento virus que ellos, con exaltación en la mirada, nombran pan.
envio eugenio blanco rodríguez- propósito comunitario haciendo almas. cuba
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